domingo, 19 de enero de 2014

Perfume. Capítulo 27

Antes de montar en el coche, la voz de Paula pronuncia mi nombre de un grito, desde lejos. Me giro, la veo despegarse de su familia, acercándose hacia mí. Me quedo mirándola, con un pie dentro del coche y el otro fuera. Se para a medio camino y con un gesto de su cabeza, me pide que me acerque. Paula es una chica a la que tengo especial aprecio, no sólo por ser la hermana de quién es, sino también, porque hemos tenido nuestras aventuras amorosas en el pasado, aunque a decir verdad, nunca hemos dejado de tratarnos como a personas especiales mutuamente. La conozco desde niña. Tiene seis años menos que yo, pero una vez se hizo mujer, supo conquistarme como pocas, aunque yo siempre he sabido, que era mejor no tener nada serio con ella; la relación que me une a su familia es tan fuerte, que no me gustaría traspasar la fina línea que separa el amor del odio, todo el mundo sabe que adentrarse en una relación seria, conlleva este tipo de riesgos; nunca he concebido la idea de distanciarme de esa familia, y menos por desamores con la niña. La opinión de Paula al respecto discrepa bastante de la mía. Ella siempre ha querido tenerme cerca, ha querido atarme, amordazar mis sentimientos a ella, siempre me ha dicho que soy el hombre perfecto. Pero yo he sido suficientemente hábil como para mantenerla a una distancia prudencial. Todas estas cosas no quitan que le tenga un aprecio muy especial, es una de esas personas que son capaces de alegrarte en momentos de angustia, que parece saber lo más adecuado que decirte en cada momento. Es un amor de niña y jamás podría negarle ciertos favores.

—¿Qué pasa, Paula? ¿Necesitas algo? —Le digo, mientras me acerco a ella.

—¿Quién es esa tía? —Me pregunta, con sus ojos bañados en una negrura, desparramada por sus mejillas. Su cara esboza tristeza infinita, no es para menos.

—No es momento de hablar de eso, pequeña. Ya te lo explicaré más adelante, —le contesto, poniendo mi mano derecha en su hombro izquierdo.

—Te acuestas con ella, ¿no? ¿O es algo más que eso? Es muy guapa, demasiado diría yo, —los sollozos se acentúan al decir la palabra “demasiado”.

—Venga, bonita. Ven aquí, anda, —la estrecho entre mis brazos, ella rompe a llorar al instante. Giro mi cabeza hacia el coche, Sara nos mira, atenta. Al verme, aparta la vista y saca su móvil, su rostro se ilumina con el resplandor de la luz de éste—. No pasa nada, no es momento de hablar de estas cosas, deberías intentar dormir, —le digo, volviéndome hacia ella.

—¡No! ¡No! ¡Noo! Quiero que te quedes conmigo, quiero que se marche esa tía. No quiero verla. Es algo más que un polvo. Dijiste que no harías eso nunca, con ninguna. Que quizá en el futuro podríamos ser algo más. Mentiste, siempre lo haces, ¡déjame! Lárgate con tu nueva ramera barata, —me refunfuña, golpeándome el pecho con su puño derecho.

—No, tranquila, vamos… ¡Basta! —La separo de mí, agarrándola por los hombros en una fuerte sacudida. Está claro que está evadida, que no es capaz de razonar, que su estado de shock es tremendo, pero en cierto modo, tiene razón. Siempre he intentado escabullirme de sus embestidas amorosas. Me quedo mirándola con cara de pena—. Debo irme, —le digo, doy media vuelta, con el alma encogida, con más dolor que furia y con Sara, la intrigante, esperando en el coche, con su rostro iluminado todavía por el resplandor del móvil.

—Eso, ¡huye! Como siempre haces, —vocea Paula, entre lloros amargos. No hago caso, consciente de que cualquier acto por mi parte puede ser malinterpretado por ella. Es mejor dejarla así, con su familia. Mañana será otro día. Oigo sus pasos alejarse.

Al llegar al coche, Sara guarda el teléfono, me mira y me pregunta:

—¿Siempre es así esta chica? —Despliega el parasol, abre el espejo y se mira en él; retocándose el pelo y dándose pequeños golpecitos con sus dedos en los párpados inferiores.

—No, para nada. Está en un estado de shock bastante evidente. Es normal, ¿no? —Le contesto, mirándola extrañado por esa pregunta. Debería comprender una reacción así, a no ser que nos hubiese escuchado, cosa poco probable por la distancia que había, aunque también cabe la posibilidad, que con su aguda intuición, sepa que esa niña está enamorada de mí.

Un silencio incómodo se crea en ese momento.

—¿Crees que soy tonta, o qué? He visto cómo te miraba. Parecía estar llorando más por verte conmigo, que por la muerte de su hermano. A veces el amor puede llegar a hacer ese tipo de cosas raras en las personas, dar más importancia a ver al amor de tu vida con otra, que a la muerte de tu propio hermano, ¿no crees? —Me aclara, con tono seco, mientras cierra el parasol.

Me quedo mirándola con cara de desprecio, arranco el coche y me pongo en marcha. Poco después, unas calles más allá, he recapacitado sobre sus palabras y siento necesidad de contestarle.

—Sara, de verdad. ¿Tú crees que estoy yo ahora para discusiones estúpidas o jueguecitos psicológicos? Sí, esa niña está loca por mí, siempre lo ha estado, pero eso no quiere decir que la tenga que dejar de lado por ti en un momento así, se siente segura conmigo. Me necesita más que nunca, y no vas a conseguir que cambie de opinión, —mi tono es seco, preocupado, producto de las miles de imágenes que me vienen a la mente, de momentos con Héctor y Paula, y lo peor, los trozos del cuerpo de Héctor siguen hablándome; me dicen que no confíe, que sea cauto, una y otra vez, con personalidades distintas cada uno. Definitivamente, debo descansar.

—No, si yo no digo nada. Sólo te digo, que más vale que me digas las cosas cómo son, es peor si tengo que deducirlas por mí misma, y créeme… lo haré, —se cruza de brazos, como una niña estúpida, es el primer gesto que veo en ella que no me ha gustado, cosa que me parece de lo más normal, lo raro sería que fuese tan espléndida en todo.

—Pues vaya, ¿no dices nada? Entonces, ¿si dijeras algo, qué? —Contesto, atento a la carretera—. Da igual, déjalo. Ya te lo he dicho, ya sabes lo que hay respecto a ella. Mañana será el funeral. No vengas si no quieres. Necesito descansar, por favor, no hagas que me sienta peor.

—Está bien, de acuerdo. Lo siento mucho, cariño. A veces puedo ponerme un poco celosa, pero ya está. Te daré un masaje cuando lleguemos a casa, para que descanses mejor, —me dice, masajeando mi muslo derecho con su mano, y luego, acercándose y dándome un beso en la mejilla, hecho que me deja más tranquilo y aliviado, pero no hace que las voces de los trozos de Héctor desaparezcan de mi cabeza. ¿O es alguna de las voces de mi ego? Ya no sé qué pensar. <<Horas de sueño, es la solución>>, pienso.



No olvides que puedes suscribirte al blog para estar al día de nuevas publicaciones, clicando en el botón azul de la esquina superior derecha "participar en este sitio" y validando con tu cuenta de Google. Si te ha gustado lo que has leído, puedes compartirlo con tus amigos y dejar tu comentario, siempre es de agradecer y me ayudarás a crecer. Muchísimas gracias por tu visita y por leer mis historias. Saludos.

José Lorente.





sábado, 18 de enero de 2014

Mi nuevo libro en Amazon. El mar de las historias extrañas

Hoy os traigo una novedad para empezar este 2014. Mi nuevo libro, "El mar de las historias extrañas", que está disponible en la tienda Amazon. Descarga aquí: http://www.amazon.es/El-mar-las-historias-extra%C3%B1as-ebook/dp/B00HX9QKK0/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1390040095&sr=8-1&keywords=el+mar+de+las+historias+extra%C3%B1as




Este libro contiene una recopilación de muchos de los relatos y microrrelatos escritos por mí; algunos aquí publicados y otros inéditos.
Es una mezcla de ficciones, realidades y reflexiones que te invitan a viajar, soñar, reír, confiar, ilusionarte, motivarte y a otras muchas cosas más, que irás descubriendo página tras página. Una literatura fresca, moderna y dinámica se deja ver en el estilo de este libro. Sus párrafos cargados de sentimiento, te parecerán amenos, sus diálogos, te meterán en la piel de los protagonistas de cada historia. Llegarás a conclusiones diferentes a las que creías esperar; algunos de sus finales sorprendentes se encargan de ello. Una estupenda colección de treinta títulos, que sin duda recordarás.


La mayoría de estas historias están pensadas para tratar de ayudar a gente que lo necesita, es por ello, que necesitan ser compartidas con tus seres más queridos, para que ellos también puedan aprovecharse de estas reflexiones tan interesantes y beneficiosas.


Disfruten del placer de la lectura y viajen a lo más profundo de la imaginación.


El libro incluye

miércoles, 15 de enero de 2014

Entrevista a un extraterrestre. Capítulo 2

    Aproveché la pausa para consultar las redes sociales y publicar lo que estaba viviendo. Mi sorpresa fue enorme al comprobar que, la mayoría de noticias de mis amigos de la red hacían referencia directa hacia lo mismo, la entrevista a Jonhy Petaca, el extraterrestre. Desistí de publicar lo mío para no saturar la red con noticias redundantes y me dediqué a leer lo que opinaba la gente.


    —Maira, cariño. Todos parecen estar al tanto de lo que sucede aquí, la noticia está corriendo como la pólvora, —le dije posando mi mano sobre la suya, que ya había dejado de presionar con tanta fuerza mi muñeca. Ella me miró con una expresión de evasión completa; parecía estar fuera de ella misma. No sabía por qué, nunca la había visto así, pero fuera lo que fuese, el tal Jonhy Petaca, parecía haber eclipsado a la mujer que tanto amaba.


    —Quiero irme de aquí, Bruce, —dijo con esa expresión de mil demonios y con la mirada perdida en algún punto del interior de mi cara. Me dejó algo preocupado, las únicas veces que escucho mi nombre pronunciado por sus labios es cuando algo no va bien.


    —Pero, ¿qué dices? Si esto está en su punto más interesante. Mira lo que dice la gente en las redes. Mira ese tío, si es un actor, lo está haciendo genial. Estos de la tele se las saben todas, —contesté acercándole el móvil para que pudiese ver algunas noticias de gente

domingo, 12 de enero de 2014

Perfume. Capítulo 26

…—Soy la hermana de Héctor. Paula.

—Ah… Paula, ¿cómo estás? ¿Qué número es este? ¿Has cambiado de móvil? No me aparece tu nombre.

Un sollozo profundo se escucha por el altavoz del iPad, Paula ha arrancado a llorar de forma bastante angustiosa.

—Max… Mi… —un espasmo en su respiración agitada la interrumpe—… mi hermano, —los gimoteos y espasmos se acentúan después de terminar de hablar.

—¡¿Qué pasa, Paula?! ¿Dónde está? ¡Dime!

—Maaaax… —el tono de su voz fue de más a menos al decir mi nombre—. Un accidente, ha tenido un accidente. Se ha matado, Maaaaax… se ha matadooo, —esto último lo pronuncia sin apenas poder hacerlo, sus cortes de respiración no la

miércoles, 8 de enero de 2014

Entrevista a un extraterrestre

Me encontraba como espectador entre el público de un programa de la televisión; uno de esos a los que no puedes dejar de acudir, al menos una vez en la vida, por su forma de transmitir cosas insólitas y difíciles de entender para cualquier tipo de mente cerrada.


    A mi lado estaba Maira, mi compañera de vida, o como ustedes quieran llamarle; tan alegre como siempre, aplaudiendo al fulgurante presentador, que apenas acababa de hacer aparición en escena. Mis aplausos eran un tanto más apagados, lo cual no se notaba nada en el ambiente, porque en general, todo el público estaba entusiasmado por ver a su ídolo en persona y no a través de una ventana rectangular colgada en una de las paredes de su salón.


    —Ahora es cuando dice lo de “buenas noches, mis queridos amigos extraños”, —me advirtió Maira dando tres golpecitos con su codo en mi antebrazo y mostrando su señalada sonrisa. A lo que contesté:


    —Sí, querida; veo este programa todos los viernes contigo en el sofá, —sin mirarla y dejando de aplaudir, esperando que me sorprendieran en esta noche, como otras tantas habían conseguido en sus interesantes debates de lo

domingo, 5 de enero de 2014

Perfume. Capítulo 25

—Ha sido… increíble. ¡Me encantas! —Digo, con mis ojos entrecerrados por el gran placer que estoy sintiendo.


—Sí, a mí me ha gustado mucho, ¿crees que podrías aguantar un rato más? —Susurra, incorporándose de nuevo y comenzando a mover sus caderas.


    —Yo sí, pero mi pequeño… lo dudo bastante, —respondo, algo decepcionado.


    —No te preocupes, lo entiendo. ¿Sabes? Eres de los pocos que han aguantado más de cinco minutos en esta postura.


—Normal, con esos movimientos que sabes hacer, no me extraña nada que la mayoría, hayan tenido orgasmos prematuros.


Sara da una carcajada breve.


—Bueno, mis clases de danza ayudan bastante, —contesta, sonriendo y despegándose de mí. Se tumba a mi costado—.  Necesito ir al baño. ¿Dónde es? ¿Esa puerta de ahí?


—Sí, es ahí es. En el segundo cajón tienes toallas limpias.


—Vale, —y se aleja de mi lado, caminando como una diva, con ese trasero tan llamativo y perfecto.


Estoy en la cama, tumbado boca arriba, con las manos apresadas por el cinturón, me apetece soltarme, darme una ducha caliente. Escucho los sonidos que hace ella detrás de la puerta, no estoy acostumbrado a que haya alguien ahí, en mi baño. Libero mis manos como puedo, no me ha hecho falta un gran esfuerzo. Me acerco a la puerta del baño, está entreabierta, la veo ahí, arreglándose el pelo alborotado, con una toalla en la mano, su desnudo se ve mucho más perfecto con la potente luz del espejo tocador.


—Voy a darme una ducha, —le digo.


—Sí, yo también. ¡Dúchate conmigo! —Responde, con convicción.


La proposición es muy tentadora, sobre todo porque hace años que no me ducho junto a una mujer. Me gusta que me lo proponga. <<Prefiero ducharme solo, pero quizás la decepcione>>, me quedo pensando un instante.


    —Está bien, pero déjate de duchas y vamos a darnos un baño burbujeante en el jacuzzi, —le digo pícaramente.


—¿Por qué crees que te lo he propuesto? Viendo este milagro de la relajación y el aseo personal aquí en el baño, no me puedo ir de esta casa sin meterme contigo en él. Y si hay mucha espuma, mucho mejor.


—De acuerdo. Espera, enseguida vuelvo. Ve llenándolo.


Bajo a la cocina, agarro cuatro velas aromáticas, el iPad y vuelvo al baño. El vapor de agua caliente escapa por la pequeña abertura de la puerta. Entro, le enseño las velas.


—¿Qué es eso? ¿Velas? ¿Para qué? —Dice, extrañada.


—Son velas, sí, pero aromáticas. Verás qué gusto de baño nos damos.


Coloco las velas estratégicamente, según su aroma. Desbloqueo el iPad, busco en la biblioteca una sesión de música relajante. Le doy al play, con el volumen a menos de mitad. La música comienza su transcurso hermoso, de casi fantasía. El jacuzzi está casi lleno, abro uno de los cajones, saco unas sales de baño, un jabón muy espumoso que tengo para este fin y lo meto todo en la bañera. La espuma comienza a brotar del agua. Sara me agarra desde atrás, noto sus senos aplastarse en mi espalda. Sus manos están en mi pecho y su mejilla en mi omóplato derecho.


—Ya está, podemos entrar.


—Me muero de ganas, —contesta ella—. Tío, ¿cómo lo haces? —Dice, introduciéndose en el baño espumoso. La ayudo cogiéndola de la mano y la sigo, metiéndome detrás, sentándome a su lado.


—¿Cómo hago el qué?


—Hacer que me sienta especialmente seducida con cada gesto que haces, con cada situación que preparas.


    —No sé cómo lo hago, simplemente me nace hacerlo así. Tú inspiras cada hecho, quiero que te sientas especial. Realmente creo que lo eres.


—¿Y tú? ¿Tú qué eres?


—Soy lo que tú quieras, menos drag queen, ¿eh? —Una carcajada sigue a la frase. Ella la compaña con otra.


—Qué gracioso eres. Siempre estás con las bromas, ¿no?


—Me gusta poner humor a la vida.


—No, ahora en serio. ¿Tú qué eres? ¿Crees que fue casualidad que te pidiera el favor de llamar con tu teléfono?


—¿No lo fue?


—¿Tu qué crees?


—Pensé que sí.


—Pues te equivocabas, vuelves a pecar de ingenuo.


—Vaya… discúlpeme, señorita, por no ser tan avispado como pensaba usted.


—No es que se trate de ser avispado o no. Se trata de que pareces un tío muy interesante e inteligente, pero con las mujeres lo llevas crudo, amigo.


—¿Y cómo has llegado a esa conclusión?


—Por el hecho de que no te dieras cuenta de todas las veces que te miraba en el metro cada día y ahora, pensando que fue casualidad que te escogiera a ti de entre tanta gente. La llamada fue un pretexto para acercarme a ti y conseguir tu número. Tenía un complot con mi amiga. Le dije que la llamaría con tu móvil, era un plan, bobo. Podría haber llegado al trabajo, cargar el móvil y hablar con ella en cualquier momento, pero fingí que me quedé sin batería, era todo un plan. Mi móvil tenía la batería a pleno rendimiento. Lo cargo cada noche, mientras duermo, —su expresión me hace saber que es una chica demasiado inteligente. Intuyo que podría estar engañándome de la forma que quisiera y yo, jamás me enteraría.


Mis ojos se han abierto como una ventana en primavera. No esperaba escuchar todo esto, parece sacado de una película, pero no, esto es la vida real, mi vida y estoy encantado con que sea así.


—Entonces, ¿Me estás diciendo que querías conocerme y yo sin enterarme?


—Eso es, exactamente.


—¿Y por eso lo tengo crudo con las mujeres?


—Eso pienso, sí.


—Pues… estás en mi bañera, desnuda y frotando tus piernas con las mías. No parece que sea la definición de tenerlo crudo exactamente, ¿no?


Se ríe a carcajada limpia. Frota un poco más fuerte.


—Tienes razón, como ya te he dicho, me siento seducida pero, ¿me hubieses dicho algo si yo no hubiera tramado el plan para conocerte? ¿Me tendrías aquí si yo no hubiese tomado la iniciativa? —Su gesto ahora es serio, jugando con la espuma entre sus manos.


—¿Y tú crees que vas a poder jugar a este rollito psicológico cómo quieras y cuando quieras?


—Sí, —la rotundidad de esa afirmación me deja sin argumentos. Realmente tiene razón, nunca me ha ido bien con las mujeres, ¿a quién quiero engañar? Lo mejor que he tenido ha sido aquella chica, Caty. Ella me adoraba, y yo a ella. Pero tenía veinte años y yo veintinueve, sintió que tenía que volar y que estar conmigo se lo impedía, yo la dejé marchar sin oponer resistencia, entendía perfectamente su situación. Al fin y al cabo, no soy quién para tratar de convencer a nadie de que esté conmigo, nadie es dueño de nadie.


—Caty, —digo.


—¿Cómo?


—Caty, es la única chica; lo más parecido a una novia que he tenido en toda mi vida. Lo demás ha sido pura superficialidad. Tienes razón, no te voy a engañar, no es mi fuerte el amor.


—Pues en el día de hoy, cualquiera diría lo contrario, me tienes encantada. ¿Qué pasó con Caty?


—Me dejó, era muy joven, tenía una vida por delante, una vida a la que mi presencia ponía obstáculos. Nunca he sabido más de ella.


—Olvídate, esa chica no te quería lo suficiente.


—¿No? ¿Por qué?


—Si alguien te ha importado de verdad, lo normal es saber de esa persona, el resto de tu vida, aunque no cruces ni una palabra, hoy día existen las redes sociales, quien no sabe de alguien es porque no quiere. Y ella no ha querido saber de ti. No te quería.


    —Por esa regla, yo tampoco la quería. Nunca me he interesado por ella después de romper.


—Pues sí, eso es que vuestro amor era falso, una práctica en el camino, sin más.


La música se interrumpe, en la pantalla del iPad aparece un número de móvil que no está en mi agenda de contactos.


—¿Quién te llama a estas horas? —Pregunta extrañada—. ¿Te imaginas que fuese Caty? Me muero…


—Lo dudo bastante, —contesto, poniendo el dedo en la tecla verde de responder—. ¿Sí?


—¿Max? Suena una voz femenina, muy agradable.


—¿Quién es? —Digo, Sara me mira sonriendo, contemplando la posibilidad que acababa de plantear.


—Max, gracias a Dios que doy contigo. Soy la hermana de Héctor. Paula.


    —Ah… Paula, ¿cómo estás? ¿Qué número es este? ¿Has cambiado de móvil? No me aparece tu nombre.



No olvides que puedes suscribirte al blog para estar al día de nuevas publicaciones, clicando en el botón azul de la esquina superior derecha "participar en este sitio" y validando con tu cuenta de Google. Si te ha gustado lo que has leído, puedes compartirlo con tus amigos y dejar tu comentario, siempre es de agradecer y me ayudarás a crecer. Muchísimas gracias por tu visita y por leer mis historias. Saludos.

José Lorente.




miércoles, 1 de enero de 2014

El año pasado

Otro año más que dejamos atrás, lleno de ilusiones perdidas y ganadas, de nuevos conocidos y viejos desaparecidos. Un año en el que no podremos volver a vivir jamás porque nunca volverá, porque el pasado nunca vuelve para permitir redimirnos de nuestros errores. No podemos hacer eso, en cambio podemos pensar en ellos como un aprendizaje de vida, como ese maestro perfecto que nos puede enseñar a no volver a hacer las cosas que nos llevaron a tener dolor y sufrimiento. Sólo nos queda pensar en éste nuevo año que viene, para disfrutarlo al máximo, porque dentro de un año por estas mismas fechas, tendremos que hablar de él como de éste, sabremos que nunca volverá. Así que, tómate la vida con optimismo, porque sólo hay una oportunidad de hacerlo, y si la vives amargado o metido en negatividades, nunca podrás volver para arreglarlo; morirás vacío y arrepentido cualquier día.



No olvides suscribirte al blog para estar al día de nuevas publicaciones, clicando en el botón azul de la esquina superior derecha "participar en este sitio" y validando con tu cuenta de Google. Si te ha gustado lo que has leído, puedes compartirlo con tus amigos y dejar tu comentario, siempre es de agradecer y me ayudarás a crecer. Muchísimas gracias por tu visita y por leer mis historias. Feliz Navidad y próspero año 2014 a todos.
José Lorente.