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miércoles, 25 de septiembre de 2013

El sueño i-real

Un día, me encontraba en mi pequeño pueblo observando cómo se llevaban a cabo las obras en un espacio natural; se estaba remodelando para que fuese un lugar más turístico y agradable. Al ver los progresos que iban alcanzando las obras, un extraño y mágico recuerdo de un sueño invadió mi mente por completo; era un sueño repetitivo que tenía cuando era muy pequeño, el cual vivía como si fuese real, cada vez que me sucedía:


    La luna es la única luz que alumbra este barranco; sus aguas han sido sustituidas por ramas secas de las que cuelgan extrañas telas rasgadas, que dan la sensación de ser un lugar abandonado y perdido. —Ya estoy aquí de nuevo, —me digo consciente de que es un sueño, pero sabiendo que es tan real que no puedo evitar vivirlo como tal, algo verdadero—. Al ser un sueño repetitivo, ya sé lo que va a pasar, sin embargo, vuelvo a tener el mismo comportamiento que siempre. Comienzo a andar por la senda que acompaña al barranco por uno de sus lados, camino y camino sin descanso, es de noche, cada vez estoy más adentrado en la perdida maleza vegetal; tengo miedo, pero continúo. Llego a un sitio donde hay un pequeño lago, —al menos aquí sí hay agua, —pienso—. La superficie está tan calma, que resalta el dibujo perfecto de la luna llena en ella. Me quedo mirándola atolondrado. El crujir de una rama llama mi atención; mis ojos se clavan en un árbol que se alza en una de las paredes contiguas al lago. Conozco este lugar pero, en ese árbol, entre sus ramas, ahora hay una caseta de madera perfectamente montada. La miro fascinado, descubro una escalera que da acceso a ella. Me dispongo a subir cuando un sonido humano distrae mi atención; proviene de la casita del

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Su razón de existir

Y cuentan que en los días de lluvia, se la podía ver apoyada en el árbol que la vio crecer. Derramaba sus lágrimas mirando al mar, con la mano en el pecho. Gritaba el nombre de su amado difunto hasta el atardecer...


    Un día, caminaba lenta por la orilla del río que desemboca en ese océano. Sentía el caer de las hojas de los árboles a su alrededor. Un misterioso hilo de luz se abrió paso a través de unas ramas desnudas, golpeó en uno de sus ojos obligándole a cerrarlo y sacudir su rostro bruscamente. Cuando consiguió abrir de nuevo sus párpados, allí estaba él, lejos pero cerca a la vez. Parecía que el sol brillaba más fuerte a su alrededor. Tenía la mirada de un niño que está en paz. Podía leer en sus ojos la intención de llevarla con él al otro lado. Sin dudarlo, caminó hasta alcanzarle. Su familia la buscó y ya nunca la encontró, pero se dice que en los días luminosos donde el sol brilla fuerte, se les puede ver abrazados mirando al río.