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miércoles, 7 de mayo de 2014

Elegida

Como la vez que se detuvo delante de un pino, a oler su aroma, a sentir su presencia, a disfrutar su sombra. Esa vez no tuvo por qué ocultarse del mundo, el mundo la miraba de cerca, arañando sus recuerdos como paloma surca el aire. No sabía cómo, el sol no había salido ese día, pero sus cabellos se fundían en las sombras coníferas. Supo que era objeto del deseo universal de amar, del amor a las cosas, a los árboles, a la hierba. Un remolino de sentimientos hondos que se erguían despacio, en armonía y calma. Viajó por las nubes, surcó los cielos y mares. Vivió momentos de grandeza inigualable. Hasta que llegó a un llano donde el suelo era firme, pero estaba empapado por la lluvia que terminaba de caer. Allí construyó su nueva casa; fundó un poblado y llenó el llano de vida. Años después, un precioso bosque de ceibas petandras reinaba en aquel lugar antes desierto.




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José Lorente.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Su razón de existir

Y cuentan que en los días de lluvia, se la podía ver apoyada en el árbol que la vio crecer. Derramaba sus lágrimas mirando al mar, con la mano en el pecho. Gritaba el nombre de su amado difunto hasta el atardecer...


    Un día, caminaba lenta por la orilla del río que desemboca en ese océano. Sentía el caer de las hojas de los árboles a su alrededor. Un misterioso hilo de luz se abrió paso a través de unas ramas desnudas, golpeó en uno de sus ojos obligándole a cerrarlo y sacudir su rostro bruscamente. Cuando consiguió abrir de nuevo sus párpados, allí estaba él, lejos pero cerca a la vez. Parecía que el sol brillaba más fuerte a su alrededor. Tenía la mirada de un niño que está en paz. Podía leer en sus ojos la intención de llevarla con él al otro lado. Sin dudarlo, caminó hasta alcanzarle. Su familia la buscó y ya nunca la encontró, pero se dice que en los días luminosos donde el sol brilla fuerte, se les puede ver abrazados mirando al río.