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miércoles, 21 de agosto de 2013

Mi amigo

Me dirigía hacia mi casa una noche de enero. Eran las 20:30. Cansado, llevaba toda la tarde en el bar después de haber discutido con mi mujer por haberme olvidado de comprar unos huevos que me encargó. Andaba cabizbajo, con las manos en los bolsillos y dando patadas a una oxidada lata de refresco, la cual, resonaba en el silencio de la noche provocando que huyeran los gatos callejeros del lugar.


    Ella había estado haciéndome llamadas insistentes al móvil que no encontraron respuesta, es más, agobiado por su persistencia decidí apagarlo. No quería ni pensar en lo que pasaría cuando entrara por la puerta, lo que tenía claro es que no me apetecía discutir y que su recibimiento no sería agradable. Pensaba en lo triste que era mi vida después de que uno  de nuestros dos hijos falleciera a los 8 años en un accidente de tráfico, a lo que se sumaba la pérdida del trabajo al que era fiel durante más de una

martes, 23 de julio de 2013

Nano Vida

Todo comenzó cuando tenía 12 años. Por aquel entonces, yo era un muchacho muy pálido y delgado. No me gustaba mucho comer, los bocatas que me preparaba mi madre para la merienda, terminaban comiéndoselos mis amigos más glotones. En consecuencia de mi poco apetito, siempre me encontraba enfermo y debilitado. Mis padres me habían llevado a infinidad de psicólogos y nutricionistas, con la esperanza de que algún día todo eso cambiaría, y que al final, sería un chico sano y fuerte. Aunque en contra de sus premisas, yo no cambiaba, seguía contagiando numerosos virus que me hacían enfermar, llegando al punto de estar siempre con medicación asistida.


    Aquel día, me encontraba en el parque jugando al fútbol con mis amigos, aunque yo no podía estar demasiado rato corriendo por mis problemas asmáticos. Salí del partido para tomar inspiraciones con mi inhalador. Estaba sentado en el banco de la esquina, cuando alguien me tocó por la espalda, diciéndome con acento