Mostrando entradas con la etiqueta arrepentimiento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta arrepentimiento. Mostrar todas las entradas

miércoles, 18 de diciembre de 2013

La canica negra

Diego tenía una canica, una pequeña canica de color negro opaco. Ella destacaba del resto de canicas, las demás eran comunes; transparentes y con ese toque de color retorcido en su interior. Diego jugaba cada día con sus canicas, se decía a sí mismo que la negra era la reina, la destructora, la que mandaba con las demás, y así, agrupaba las transparentes y atacaba con la negra, porque para él, esa era mucho más poderosa.


    Un día, su tío llegó con un gran camión; cargado con infinidad de piedras de “mentira”. Era para él, se lo había comprado en un mercado ambulante. Su tío era codicioso, quería que su sobrino de 6 años tuviese todo lo mejor. Al pequeño Diego le fascinó el camión en gran medida, tanto fue así, que olvidó sus canicas en un cajón, sí, esas que tantas tardes de diversión le habían brindado, a él y a sus amigos. Bastaba con hacer pequeños hoyos en la arena del parque y jugar a meterlas todas dentro, siempre atacadas por la negra, claro. El camión, grande, sofisticado y con gran cantidad de detalles, eclipsaba todo el tiempo de juego del pequeño. Se pasó casi dos meses jugando sin cesar con ese juguete de nueva generación, que le había regalado su

miércoles, 9 de octubre de 2013

La carta despedazada

Jueves, 5 de noviembre, 23:34 horas.




Ana llegó a su baño, deshizo su moño. Frente al espejo, una cara amarga con caminos de color negro que nacían de sus ojos, y un carmín rojo, arrastrándose desde sus labios hacia una de sus mejillas. Cogió la toallita desmaquilladora y frotó fuertemente, mientras las lágrimas, volvían a brotar sin poder llevarse con ellas más rímel, debido a la carencia del mismo, provocada por las múltiples lágrimas anteriores. Mientras se limpiaba, pensaba que no volvería a llorar por el motivo que le producía tristeza en ese momento: la ruptura con su pareja, después de 5 años de relación. —Ya son demasiadas veces, excesivas lágrimas derramadas. No volveré. Que me espere cuánto quiera; pero no volveré, —se repetía en su interior una y otra vez mientras frotaba su rostro con la esponja hasta enrojecerlo—. Esta vez se ha pasado. Dice que me quiere, que no ha querido ni se ha fijado en nadie más, que esa tal Julia, sólo es su amiga y compañera de piso. Miente, dice mentiras todo el tiempo. Que se pudra, que se pudran los dos. Desaparezco de su vida, —deliraba incansable en su