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miércoles, 9 de octubre de 2013

La carta despedazada

Jueves, 5 de noviembre, 23:34 horas.




Ana llegó a su baño, deshizo su moño. Frente al espejo, una cara amarga con caminos de color negro que nacían de sus ojos, y un carmín rojo, arrastrándose desde sus labios hacia una de sus mejillas. Cogió la toallita desmaquilladora y frotó fuertemente, mientras las lágrimas, volvían a brotar sin poder llevarse con ellas más rímel, debido a la carencia del mismo, provocada por las múltiples lágrimas anteriores. Mientras se limpiaba, pensaba que no volvería a llorar por el motivo que le producía tristeza en ese momento: la ruptura con su pareja, después de 5 años de relación. —Ya son demasiadas veces, excesivas lágrimas derramadas. No volveré. Que me espere cuánto quiera; pero no volveré, —se repetía en su interior una y otra vez mientras frotaba su rostro con la esponja hasta enrojecerlo—. Esta vez se ha pasado. Dice que me quiere, que no ha querido ni se ha fijado en nadie más, que esa tal Julia, sólo es su amiga y compañera de piso. Miente, dice mentiras todo el tiempo. Que se pudra, que se pudran los dos. Desaparezco de su vida, —deliraba incansable en su

miércoles, 2 de octubre de 2013

Cuando fui

Un sonido de terror se escuchó en la otra habitación, poco después del último golpe.


    Cuando fui hasta allí, me di cuenta de que no podía parar de llorar. Sus manos ensangrentadas; sus ojos vestían el miedo y el dolor en su entera forma. No pude resistir el empuje de hacerlo, el niño me cogía de la mano: —mamá, mamá, ¿qué le pasa a papá?—. Tenía que hacerlo, —sus tíos sabrán cuidar de él, —me dije—. Me miré al espejo; un extraño pálpito recorrió mi cuerpo, al ver tales moratones recientes en mi cara. Acurruqué mi cuerpo junto al de él, abracé al bebé lo más fuerte que pude y con la otra mano apreté el gatillo del arma que sostenía mi marido inerte, con la que se acababa de suicidar, y que en este momento apuntaba a mi pecho.


    El niño creció con el trauma de haber vivido esa horrible escena con apenas 4 años. Su maduración fue precoz, y a sus 18, ya era una persona totalmente independizada, autosuficiente y poseedor de un don especial de tratar con delicadeza a las mujeres; aprendió a ser un hombre siendo niño gracias a los errores de su difunto padre.