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miércoles, 18 de diciembre de 2013

La canica negra

Diego tenía una canica, una pequeña canica de color negro opaco. Ella destacaba del resto de canicas, las demás eran comunes; transparentes y con ese toque de color retorcido en su interior. Diego jugaba cada día con sus canicas, se decía a sí mismo que la negra era la reina, la destructora, la que mandaba con las demás, y así, agrupaba las transparentes y atacaba con la negra, porque para él, esa era mucho más poderosa.


    Un día, su tío llegó con un gran camión; cargado con infinidad de piedras de “mentira”. Era para él, se lo había comprado en un mercado ambulante. Su tío era codicioso, quería que su sobrino de 6 años tuviese todo lo mejor. Al pequeño Diego le fascinó el camión en gran medida, tanto fue así, que olvidó sus canicas en un cajón, sí, esas que tantas tardes de diversión le habían brindado, a él y a sus amigos. Bastaba con hacer pequeños hoyos en la arena del parque y jugar a meterlas todas dentro, siempre atacadas por la negra, claro. El camión, grande, sofisticado y con gran cantidad de detalles, eclipsaba todo el tiempo de juego del pequeño. Se pasó casi dos meses jugando sin cesar con ese juguete de nueva generación, que le había regalado su

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Giro inesperado

Había una vez, un perro muy pequeño y muy tímido. Se paseaba por la calle huyendo de todo lo que se movía, se escondía todo lo que podía, temblando de miedo. Sólo en el hogar, se sentía cómodo y seguro.


    Un día, el perrito se dio cuenta de que si seguía así, jamás encontraría una madre para sus hijos, así que, después de pensarlo con detenimiento, fue a buscar a su dueño, ladrándole con alegría para que le sacara a pasear; su amo, que lo conocía a la perfección, no entendía por qué quería salir para luego ir escondiéndose. Aun así, le puso la correa y salieron a la calle. Cuál fue la sorpresa de su dueño, al ver que, ante el primer perro que vieron, Haki, que es como se llamaba, salió corriendo a saludarle moviendo el rabo alegremente. Su actitud cambió por completo y empezó a socializar con los demás perros del barrio, tanto fue así, que Haki, en poco tiempo, se había ganado la confianza de todos y ahora cuando salía, los demás perros y perritas más guapos, querían seguirle donde fuera. Y así, consiguió el respeto y la admiración de todos, perros y dueños. Consiguió una estupenda madre para sus hijos y su dueño, Steven, conoció al dueño de ésta; él era un considerable directivo, de una importante empresa de expansión mundial, que al conocer la historia de Haki, contrató a Steven, dándole uno de los mejores puestos de la empresa. Sus vidas dieron un giro inesperado y repentino, y sus días cambiaron para siempre. Jamás tuvieron que preocuparse por nada más que ser felices y disfrutar de la vida que les había tocado vivir. Y todo por un simple cambio de actitud del perro, enfrentándose a sus miedos.



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