Jueves, 5 de noviembre, 23:34 horas.
Ana
llegó a su baño, deshizo su moño. Frente al espejo, una cara amarga con caminos
de color negro que nacían de sus ojos, y un carmín rojo, arrastrándose desde
sus labios hacia una de sus mejillas. Cogió la toallita desmaquilladora y frotó
fuertemente, mientras las lágrimas, volvían a brotar sin poder llevarse con
ellas más rímel, debido a la carencia del mismo, provocada por las múltiples
lágrimas anteriores. Mientras se limpiaba, pensaba que no volvería a llorar por
el motivo que le producía tristeza en ese momento: la ruptura con su pareja,
después de 5 años de relación. —Ya son demasiadas veces, excesivas lágrimas
derramadas. No volveré. Que me espere cuánto quiera; pero no volveré, —se
repetía en su interior una y otra vez mientras frotaba su rostro con la esponja
hasta enrojecerlo—. Esta vez se ha pasado. Dice que me quiere, que no ha
querido ni se ha fijado en nadie más, que esa tal Julia, sólo es su amiga y compañera
de piso. Miente, dice mentiras todo el tiempo. Que se pudra, que se pudran los
dos. Desaparezco de su vida, —deliraba incansable en su