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martes, 22 de julio de 2014

El dolor de la libertad

Sentía un tremendo dolor en sus costados. No tenía idea de por qué, sólo sabía que le dolía. Durante su infancia le habían dicho que ese momento llegaría, que en algún momento lo notaría. Aun así, era tremendo dolor el que sentía. Estaba dentro del agua y anhelaba salir; demasiado tiempo dentro; demasiado tiempo queriendo salir. Pero el dolor era intenso, paralizante, de una espesura tal, que apenas lograba mover ni una sola parte de su cuerpo.


    Días después el dolor cesó y el renacuajo al fin pudo salir del agua convertido en una fabulosa rana saltarina.




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José Lorente.

miércoles, 12 de febrero de 2014

La cara más amarga de la ley

Era un día en la sala de aprobación de leyes constitucionales de un país, del que no hace falta pronunciar nombre. Se estaba debatiendo la decisión de aprobar una nueva reforma en la ley del aborto. Marisa; una joven diputada con las ideas muy claras, estaba defendiendo la nueva reforma, que dictaba penalizar con cárcel a aquellas mujeres, que decidieran no cargar con el peso de una barriga que va en aumento hasta los 9 meses, como todos sabemos. Después de varias acaloradas discusiones entre los miembros del congreso, se decidió aprobar la ley, Marisa quedó contenta porque era lo que ella consideraba como justicia. Según ella, nadie tiene derecho a acabar con una vida ajena, aunque esta ni siquiera haya visto la luz del sol, aunque ese futuro ser humano haya sido no deseado o por causas que escapan al sentido común; puede haber muchas razones por las cuales una mujer con instinto maternal decide no pasar por un embarazo. Hasta ahí todo bien.


    Semanas después, Marisa iba caminando por la calle cuando se dio cuenta de que un hombre la estaba siguiendo. Marisa, asustada, aceleró el paso, comprobando que ese hombre también lo hacía. Ella sacó su móvil y llamó a su marido, pero éste no contestó. Al llegar a un lugar de la calle poco concurrido, el hombre hizo un movimiento brusco y se abalanzó sobre ella, agarrándola y forcejeando hasta que la guio hacia un callejón donde la luz brillaba por su ausencia. Abusó de ella, la violó y le robó todo lo que tenía. Marisa volvió a casa traumatizada, ese hecho tan desagradable no se le borraría jamás de la