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miércoles, 21 de mayo de 2014

Si ellos hablasen

—¿Qué pasa, amigo? ¿Cómo estás hoy?


—¿Yo? Bien, ¿y tú?


—Como cada día, esperando tu llegada. Ya era hora…


—Va, no te quejes, y deja ya de sonreír. Siempre haces igual. Será que no estás acostumbrado a verme. A ver cuando te comportas de modo normal.


—Tú también sonríes al verme cada vez que llegas. ¿O es que no te ves? Y sonrío porque estoy contento de verte. Además, quiero salir un rato.


—Es verdad. ¿Qué voy a hacer contigo?


—¿Ponerme el collar y bajar a la calle?


—Pues eso. ¡Vamos, anda!




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José Lorente.




miércoles, 11 de diciembre de 2013

El encuentro

Llámame tonto, llámame ingenuo, llámame como quieras llamarme, pero jamás me llames extraño porque formas parte de mí desde aquella vez que nuestros caminos se cruzaron. 


Sabes que fue aquella noche, enfrente de la fuente, dónde vivimos nuestra más sincera bienvenida.


Éramos muchos, pero sólo estábamos tú y yo. Tus cabellos me obligaron a peinarte, tus ropas me llevaron a quitarlas. Me sentía como un niño ante un caramelo una tarde de domingo.


No podías quejarte, tampoco querías, llegaste para regalarme tu cuerpo, yo te cogí en mis manos, sólo te quería a ti, de entre muchas.


Me enseñaste las virtudes de tu cuerpo, no pude resistirlo y te mordí, una y otra vez, hasta dejarte en los huesos.


Un instante después, no valías nada, me desprendí de ti con la facilidad de hacer un gesto con el brazo y dejarte en el bordillo, tirada.


Mis amigos me esperaban, uno de ellos dijo:


—¿Has terminado con la mazorca? Tenemos que irnos.


Nunca más supe nada de ti, pero en aquel momento fuiste todo para mí.



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