Y entonces te vi,
comprobé que no eras esa chica extraña con la que había cruzado cuatro vagas
frases mediante la mensajería de una red social. Tu imagen me transmitió cosas
que ni siquiera yo puedo entender. En ese momento no tenía la certeza de que
esa imagen de ti fuera la que en realidad es, tenía cierta incertidumbre por no
saber quién eras realmente, por otro lado, si esa de la foto eras tú, el cielo
me quería regalar tu sonrisa cada cierto tiempo en forma de imágenes de ti.
El tiempo puso las cosas en su lugar, poco a poco,
esa incertidumbre fue dando paso a una certeza cargada de dulzura, de miradas
profundas, serenas y llanas. A esas alturas ya no cabía duda de que eras esa
mujer que era capaz de despertar cosas en mi interior, sensaciones que muy pocas han
logrado, aun estando distante y sin tú saberlo, lograste trasladarme a tus
pies. Eso es algo que yo nunca entenderé, pero es que los sentimientos son tan
caprichosos y misteriosos, que si los entendiéramos perderían todo su encanto,
no sería lo mismo si pudiéramos decidir qué personas serán especiales en la
vida. Todo es un ir y venir de circunstancias, de causalidades inquietantes y no
casualidades, que te llevan a conocer personas sin apenas
explicación. Y tú eres eso, una persona que conozco exiguamente, pero con la que tengo
la impresión de haber compartido media vida, escuchando tus risas y penas, sólo
leyendo tu mirada. No sé nada y sin embargo lo sé todo. Estas palabras tenían
que ser escritas para que tú las leas y te sientas tan especial como eres,
tanto, que eres capaz de provocar sentimientos en personas con las que no has
compartido más que varias publicaciones, que dejan entrever parte de tu vida