Es una importante
reunión en la sala de conferencias de la empresa en la que Mario, alto
ejecutivo de dicha empresa, trabaja desde hace más de 12 años.
Están todas las personas con las que se reúne
habitualmente para tratar los asuntos internos de la empresa; contratación de
personal, ajuste de cuentas, nuevos proyectos, etcétera. Pero hoy, hay una cara
nueva en la mesa. Es una joven de aspecto atractivo, cara dulce, fina, melena
negra y ojos negros también. Nadie la ha presentado, Mario no sabe quién es
pero no puede dejar de mirarla, comprobando que ella también le mira a él.
Mario, incapaz de concentrarse en su trabajo por la grata presencia de la joven
muchacha, comienza a menear su bolígrafo de un lado a otro de su mano, ella lo
mira y hace lo propio con el suyo pero, con una leve sonrisa hacia él, coloca
el boli en sus labios y lo muerde sutilmente, mientras con sus ojos apunta a
Mario que, no puede dejar de mirarla. No están cercanos en la mesa pero parece
que la atracción entre ambos es muy fuerte, tanto, que es el turno de Mario de
exponer sus puntos del día y se ha quedado en blanco, provocando la sonrisa
bastante más acentuada de la misteriosa y atractiva chica. Se sienta en su
silla de nuevo, pidiendo disculpas por su momentánea falta de lucidez. La
reunión termina y Mario se encara a su jefe para explicarle el porqué de su
error y de paso preguntarle quién es esa chica:
—Jefe, me he quedado en blanco
