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miércoles, 23 de octubre de 2013

La más hermosa

En un jardín cualquiera, de una casa cualquiera, de cualquier barrio, se podía escuchar:


—Me elegirá a mí, aunque tu pelo sea rojo y frondoso, se quedará conmigo, —decía la de pelo blanco y cara amarilla.


—De eso, nada. No sabes lo que hablas. No puedes comparar tu belleza con la mía, además, soy la que más amor reparte siempre, —contestó la pelirroja.


—¡Callaos las dos! No sabéis nada de él. Siempre que viene se queda mirándome un buen rato, me toca, me acaricia y me huele. ¿Acaso no lo veis? —Espetó la de pelo amarillo con aires de superioridad.


—No sois conscientes de la realidad. Él nos quiere a todas, a veces estamos más guapas y a veces menos, pero nos mima a todas por igual, es difícil saber por quién se decantará al final, —agregó la de pelo morado que era la más sensata de todas.


Poco después, el jardinero llegó, sacó sus tijeras de poda y se las llevó a todas, formando un precioso ramo de flores con una margarita, una rosa roja, un gladiolo amarillo y un tulipán morado para entregárselo a su amada, que acababa de dar a luz.


miércoles, 28 de agosto de 2013

Pequeño logro, felicidad completa

Cuando aquel niño salió del portal, rebosante de felicidad, con su bicicleta destartalada, sus ropas sucias y gritándole a su hermana mayor, (que miraba desde aquel balcón, que no tenía más elementos que varias plantas colgantes y una pequeña jaula con un jilguero)…:


    —¡Mírame, Aroa! ¡Mira, corre! Verás cómo he aprendido a pedalear solo.


    …comprendí que no hacen falta grandes posesiones para ser completamente feliz, aunque sea durante unos pocos minutos y que, sin ser niño, se pueden buscar esos pequeños grandes momentos sin apenas esforzarse; sólo hay que saber verlos y darles el valor correspondiente.